Los Mochis, Sinaloa.- En Culiacán ya no solo se bajan cortinas por la noche. Se bajan para siempre. Tras 20 meses de guerra entre “Los Ch@pitos” y “La Mayiz@”, la capital se convirtió en un cementerio de negocios cerrados que arrastra empleos, sueños y la vida de barrio.
El dato que duele
La pugna interna del Cártel de Sinaloa dejó 1,800 homicidios y 2,300 desaparecidos en un año. Pero el golpe silencioso está en las calles: locales vacíos, plazas comerciales con la mitad de las tiendas tapiadas y empresarios que prefieren malbaratar o huir antes que pagar “piso” o esperar la siguiente balacera.
“Ya no alcanza ni para el miedo”
Comerciantes del centro relatan lo mismo: ventas desplomadas 70%, clientes que no salen después de las 6 p.m., y rentas que siguen llegando. “Entre la extorsión, el cobro de la luz y el t3rror, no queda nada”, dice Laura, dueña de una estética que cerró en abril. Calculan que por cada negocio que baja la cortina se pierden 4 empleos directos.
La confianza, rota
Colectivos empresariales acusan abandono institucional. Tras las acusaciones de EE.UU. contra Rocha Moya, el sector pidió su salida: “No se puede invertir donde el gobierno está señalado de pactar con quien nos mata”. El 29 de abril, empresarios advirtieron una nueva ola de violencia si no hay cambios.
Mientras, la ciudad vive bajo la ley de los retenes y los incendios nocturnos. ¿Se puede gobernar una ciudad que le pertenece al narco después de las 8 p.m.? Hoy, en Culiacán, emprender es un acto de resistencia. Y resistir, cada día, cuesta más.
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