Los Mochis, Sinaloa.- Lo prometieron frente a medios y frente a la gobernadora: que no habría cortes mientras se revisaban los recibos locos.
A casi cuatro meses de las primeras protestas, la CFE sigue con la misma receta: recibos que se triplican, atención a cuentagotas y cuadrillas cortando la luz en las colonias populares de Los Mochis.
En mayo el gobierno del estado anunció con bombo que la paraestatal instalaría centros de atención y que se suspendían los cortes. Hoy, 27 de agosto, la realidad es otra.
En la Rubén Jaramillo, una pensionada que pagaba 600 ahora debe 4,500. En Infonavit Arboledas, un recibo de 173 pesos se convirtió en $3,000. En el centro, Doña Blanca que pagaba 200 recibió uno de 7,000. Son casos de aquí, de Los Mochis.
La gente va, hace fila desde las 7 de la mañana, y la respuesta es la misma: “todo está normal”, “pague y luego se le revisa”, “no hay convenios”.
Profeco ya suma más de 513 quejas solo en Sinaloa. La Comisión de Derechos Humanos trae otras 5 por cortes a familias con enfermos y adultos mayores. Y aún así, siguen cortando.
Por eso el 21 de agosto se tuvo que reactivar el Frente Sinaloense de Usuarios de la CFE. Porque si no se unen, la paraestatal los va a seguir aplastando uno por uno.
La CFE insiste en que es culpa del usuario, que prendió el aire antes del subsidio de verano, que tiene fuga, que el medidor está bien. Y todavía se da el lujo de cobrar $165 pesos por ir a revisar el aparato que ellos mismos dicen que no falla.
A 42 grados, cortar la luz no es un trámite. Es dejar sin comida, sin aire y sin poder dormir a toda una familia.
Prometieron sensibilidad. Lo que hay es cobro a lo chino y cuchilla abajo para el que no pague.
El dilema sigue siendo el mismo: ¿comen o pagan la luz?
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