Escuinapa, Sinaloa.- Escuinapa amaneció otra vez entre explosiones. En menos de 72 horas, el municipio del sur de Sinaloa sumó ataques con drones, un auto que estalló en plena madrugada y dos deportistas asesinados cuando buscaban ayuda médica. La violencia ya no toca la puerta: derriba paredes.
La madrugada del martes 9 de junio comenzó con un estruendo. Sobre la calle Miguel Hidalgo y Costilla, a la salida sur de la ciudad, un vehículo quedó destrozado tras una fuerte explosión. Vecinos reportaron que el ataque habría venido desde el aire. Elementos del Ejército, Guardia Nacional y Policía Estatal acordonaron la zona, pero hasta ahora no hay lesionados confirmados. Versiones preliminares señalan que la unidad pertenecería a una empresa de frituras.
El estallido ocurrió a solo 500 metros de donde mataron a Grecia y Ramiro. La joven de 14 años y su tío de 40, ambos deportistas queridos en la localidad, fueron acribillados el domingo 7 de junio cuando se dirigían al hospital. Grecia había sido picada por un alacrán. Nunca llegaron. Sicarios los interceptaron cerca de una gasolinera y les dispararon hasta quitarles la vida.
Los drones ya son el arma favorita. El 4 de junio, un ataque con explosivos lanzados desde drones dejó 8 policías estatales y militares heridos en Escuinapa. Tras la agresión, autoridades aseguraron un arsenal y equipo táctico en la zona. Un día antes, el 3 de junio, se reportaron “bombazos” directamente sobre la autopista Mazatlán-Tepic, a la altura del municipio.
La autopista también está sitiada. Conductores han denunciado explosiones y ponchallantas en el tramo de Escuinapa durante la primera semana de junio. Los ataques coinciden con bloqueos y enfrentamientos entre grupos armados que pelean el control del sur del estado.
Rosario tampoco se salva. El 7 de junio, fuerzas federales aseguraron más de 550 artefactos explosivos, un inmueble y un vehículo robado en ese municipio vecino. El material bélico confirma la escalada: ya no son solo balas, ahora llueven explosivos.
Escuinapa vive días de terror. Entre el 3 y el 9 de junio, el municipio registró ataques con drones, autos que explotan, asesinatos de civiles y emboscadas a policías. La disputa entre células criminales convirtió las calles en campo de batalla y a los habitantes en rehenes del miedo.
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