Prometieron un sistema de salud como Dinamarca. Lo que hay en Los Mochis es una letrina con fichas.
Entrar a la Clínica 37 del IMSS en la ciudad es una experiencia que avergüenza a cualquiera. No es exageración de los derechohabientes, es la realidad diaria.
Un hedor insoportable te recibe desde los baños. No es falta de limpieza de un día, es un sistema sanitario colapsado que inunda de olores fétidos salas de espera y pasillos.
El calor es asfixiante. El aire acondicionado, instalado para un consultorio, no da para una clínica que recibe a miles. Y cuando debería enfriar, simplemente falla. Pacientes diabéticos, hipertensos, mujeres embarazadas y adultos mayores desmayándose en las bancas porque el aparato "está en modo fallido".
A eso súmele el otro infierno: no hay medicamentos. La gente va por su receta de la presión, del azúcar, del dolor crónico y le dicen: "venga la otra semana". Tumultos, gritos, filas de tres horas para que al final la computadora "se caiga".
Porque ese es el otro pretexto de siempre: "se cayó el sistema, no hay trámite". Y así se van las horas sin consultar, sin medicamento, sin incapacidad.
Y lo más indignante: las cuotas sí se cobran. Cada quincena, puntual, al trabajador y a la empresa les descuentan el IMSS. Ese dinero no falla. Lo que falla es a dónde se va.
El IMSS no está rebasado por la gente. Está rebasado por la indolencia, por la falta de mantenimiento y por la corrupción disfrazada de austeridad.
En Los Mochis no quieren Dinamarca. Con que no huela a drenaje, haya aire y paracetamol, ya sería ganancia.
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